Salou constituye el centro de la Costa Daurada. Sobradamente conocido por sus playas y por el reclamo turístico que representan, nos muestra también otra vertiente. Aunque ligados de manera inevitable al mar y a la costa, Salou oculta rincones y construcciones que acogen al visitante en un aspecto cultural e histórico sin alejarlo del agua.
Entre la playa y el núcleo urbano se extiende el paseo de Jaume I. Palmeras, ornamentos florales y una serie de escudos que recuerdan a los compañeros de batalla del rey en su periplo en Mallorca aderezan la zona, que calca el recorrido de la playa de Llevant. En su centro, se alza la escultura más emblemática de Salou, que muestra a Jaume I El Conqueridor, tallado en piedra, a lomos de su caballo, también en piedra y revestido de pan de oro. La composición salió de las manos de Lluís Maria Saumells y se soporta sobre una estructura creada por Salvador Ripoll.
En la actualidad, el paseo de Jaume I se emplea también a modo de enorme espacio de exposiciones como una manera de llevar el arte a las calles y aproximarlo a los visitantes. Durante este mes, las esculturas del artista monumental Clemente Ochoa ocupan el lugar y ofrecen a quienes se acerquen una serie de obras que evocan dibujos en el aire.
Ya en el muelle, el monumento al pescador, del escultor reusense Ramon Ferran, que representa un hombre de mar recogiendo las redes, alude a las raíces marineras del pueblo y a la tradición de la pesca como su principal actividad. A pocos metros, el Club Nàutic ofrece, en su escuela de vela, una amplia gama de actividades de verano.
En la antigüedad, el litoral salouense contó también con una aduana, construida a causa de la gran actividad comercial que se desarrollaba en el municipio, para controlar las salidas y entradas de mercancías y regular los intercambios. Sin embargo, el paso del tiempo no ha permitido que esta edificación llegase hasta nuestros días.
En el conjunto paisajístico de la costa destaca la Punta del Cavall. Se trata de una zona de tierra que se adentra en el mar conformando el punto más alejado de la costa del Cap de Salou. Su ubicación ha dado lugar a la cala de la Font, antiguamente empleada por los piratas para sus saqueos y, más tarde, por los pescadores para varar sus embarcaciones. Entre esta punta y la de Replanells, emerge la Penya Tallada, un cúmulo de rocas desgastadas por el efecto de la erosión marina que también han supuesto la creación de otra pequeña cala.
En cuanto a la arquitectura del municipio, Domènec Sugranyes i Gras, discípulo de Gaudí, fue el encargado de proyectar, alrededor del 1920, el Chalet Bonet. Este constituye una de las primeras muestras del modernismo, muy presente en Salou, que se ve reflejado, sobre todo, en las construcciones privadas del paseo Jaume I. En su interior, una serie de murales representan la partida de este rey desde las playas hacia la conquista de Mallorca. Aprovecha el tiempo que pasa y no vuelve, reza sobre la fachada de la vivienda, aderezada con un reloj que acaba de completarla.
Como se deja entrever en la formación de sus calas, históricamente la Costa Daurada fue un punto afectado habitualmente por ataques desde el mar. La Torre Vella se construyó por orden del arzobispo de Tarragona, Pere Cardona, a modo de torre de vigilancia con el objetivo de proteger la localidad de este tipo de agresiones. En su interior, la torre alberga el Museu del esmalte contemporáneo y otras exposiciones de arte ocasionales. Ya en sus jardines, la escultura La dansa de les gràcies evoca el nombramiento de la localidad como ciutat Pubilla de la Sardana.
De la etapa rural de la localidad, permanece la Masia Catalana. Animales de corral, aperos de labranza y otros elementos del mundo agrario complementan la edificación. En invierno, el espacio se convierte en un belén monumental. En los de verano, acoge la celebración de un mercado de productos artesanos.
La pequeña capilla es la representación de edificios religiosos de Salou, que fue construida hace 3 siglos para servir a marineros y pescadores, y acabó desembocando en la iglesia tal y como hoy en día se conoce. Destaca en su interior un conjunto de pinturas murales obra del artista de la vanguardia surrealista Lluís Maria Güell.
El municipio, al natural
El parque de la ciudad supone un espacio verde en el que poder relajarse. Alejado del ruido y en un contexto natural, permite al visitante perderse entre la vegetación y participar en las diferentes actividades que en verano se organizan. Su emplazamiento corresponde con un antiguo camping situado en el lugar. Tras su rehabilitación como zona pública y el acondicionamiento de la antigua piscina, pasó a ser la zona verde de más importancia del municipio. También los 16 olivos milenarios de la Plaça de la Segregació forman un espacio natural histórico. Este grupo vegetal conmemora el nacimiento de la localidad de Salou.
Sin embargo, si algo atrae la atención de turistas y locales en Salou, es la fuente luminosa. Un total de 210 posibles combinaciones de luz y color, que realizan variaciones cada 90 segundos, iluminan las noches de verano salouenses al final del paseo. Se necesitarían más de 5 horas para contemplar por entero el programa de transiciones del surtidor. Carles Buigas, creador también de la conocida y espectacular fuente luminosa de Montjuïc, diseñó para el municipio esta obra. Una serie de otras fuentes repartidas a lo largo de la zona, ofrecen también durante 25 minutos un espectáculo de agua, ritmo y proyecciones audiovisuales que atrae inevitablemente la atención.
Salou ofrece el descanso de las playas y permite también la posibilidad de disfrutar de la arquitectura y el agua. Alejado de la arena, el municipio toma forma por sí solo y presenta un lugar donde perderse entre construcciones y parques.
Fuente/diaridetarragona.com